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Salvador, víctima y perseguidor: roles tóxicos en las empresas


Hace tiempo leí un artículo muy interesante acerca de tres roles que podemos asumir, sin darnos cuenta, en nuestras relaciones interpersonales y que pueden llegar a ocasionar un importante daño. Estos tres papeles también están presentes en las empresas y, como líderes de nuestros negocios, debemos tener muy presente cuándo estamos frente a ellos o, incluso, cuando nosotras mismas los estamos interpretando.

Fue el psicólogo Stephen Karpman quien identificó estos tres estados del ‘yo’ que afectan a las relaciones interpersonales en todos los ámbitos, incluyendo el ámbito empresarial: el salvador, la víctima y el perseguidor. Cuando estos se imponen en una organización acaban por intoxicarla.

Lo mejor es negarse a entrar en el juego desde el principio, pero no siempre sabemos detectar nuestros propios impulsos ni los de los compañeros. Los roles de salador , víctima y perseguidor, son papeles que asumimos muchas veces sin darnos cuenta, porque, en el fondo, son estrategias equivocadas para ganar afectos o sobrevivir en una empresa.

Para representarlo, Karpman utilizó la figura de un triángulo cuyos vértices ocupan los distintos roles. A esta representación gráfica la denominó Triángulo Dramático, en el que se muestra que no sólo estamos frente a actitudes que tienden a enquistarse, sino también porque se corre el riesgo de traspaso de una persona a otra cayendo así en un ciclo vicioso de carácter casi patológico.

¿Cómo identificarlos?

El SALVADOR es aquella persona que se impone la obligación de resolver problemas ajenos. Suelen ser personas que ofrecen su ayuda amablemente, pero en lugar de enseñar a resolver un problema, lo solucionan ellos directamente sin necesidad aparente de que el mérito trascienda en las altas esferas. Cuando ve que le sobrepasan las ayudas, suele lamentarse de sobrecarga de trabajo y del escaso agradecimiento de los compañeros.

La VÍCTIMA sería una persona que acepta una responsabilidad sabiendo que no está preparada para ello. Antes que asumir y reconocer su déficit, prefiere que otro -el salvador- le resuelva el problema. Al principio las personas en roles de víctimas se muestran agradecidas, pero a la larga desarrollan un sentimiento de inferioridad y baja autoestima que se vuelve contra los demás.

El PERSEGUIDOR es aquel que parece quedarse fuera de juego pero lo observa y juzga todo. Tonto el salvador, que le hace el trabajo a la víctima; cara dura ésta, que se atribuye logros inmerecidos; y él, perseguidor, que está ahí para desenmascarar a todos y poner las cosas en su sitio.

El ciclo vicioso

Los tres roles suelen intercambiarse cuando se impone algún cambio en la empresa. Por ejemplo, supongamos que el salvador se ausenta del trabajo durante un tiempo; en este supuesto el perseguidor puede optar por mantenerse en su papel o asumir el del salvador inicial, quien ahora resentido por tanto reproche previo y el aislamiento actual, pasa a desempeñar el papel más agresivo de salvador.

Es así como los que entran en el juego acaban atrapados en él, porque construyen relaciones co-dependientes que terminan por generar conflictos en la empresa.

¿Cómo salir del juego?

Representar cualquiera de los tres papeles del Triángulo Dramático resulta un gran desgaste emocional en las relaciones interpersonales. Ante esto, lo habitual es que las personas traten de cambiar de papel en la situación que les genera sufrimiento.

Por tanto, existen tres vías para corregir y desprenderse de este tipo de actitudes:

De salvador a ayudador empático. Conserva la capacidad de ayudar, pero con enfoque en la enseñanza para que cada quien resuelva sus propios problemas. Para ello, hay que aprender a decir no y establecer límites, para no asumir demasiadas cargas ajenas.

De víctima a responsable. Si necesitamos ayuda, lo inteligente es pedirla, pero nunca desentenderse del aprendizaje ni de la búsqueda autónoma de soluciones. Es decir, adopta una actitud activa y, si la ayuda pedida no llega, arriésgate a buscar y a aplicar una solución, aunque sea equivocada.

De perseguidor a asertivo. Una persona asertiva respeta el derecho del otro a tomar sus propias decisiones, pero también defiende su propio derecho a poner límites. Conviene, además, aprender a decir lo que se piensa sin herir y procurar resolver los conflictos por la vía del diálogo y la negociación.


¿Qué te pareció este artículo? ¿Habías escuchado antes del Triángulo Dramático? ¿En algún momento has asumido alguno de los roles descritos? ¡Cuéntame todo en los comentarios! 😊👇

[Fuente: Emprendedores.es]

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