Venezuela: país de mujeres empresarias

Venezuela país de mujeres empresarias


Las venezolanas no se detienen ante las adversidades y, cada vez más, se convierten en sostén de sus familias, en especial en los segmentos populares

El auge del emprendimiento femenino es un fenómeno que se ha convertido en objeto de investigación. Con frecuencia, se comparan los géneros para dilucidar las diferencias entre las mujeres y los hombres emprendedores. Se ha intentando encontrar brechas, discriminaciones y obstáculos que deben ser superados para que las mujeres gocen de las mismas oportunidades y, en algunos casos, se cae en una visión simplista de “feminismo liberal”, en la cual se supone que el camino correcto es permitirles comportarse como hombres.

Otra forma de abordar el tema consiste en comprender las singularidades del emprendimiento femenino, en cuanto a sectores de interés, factores de motivación y experiencias propias del género, que pueden caracterizar y diferenciar los perfiles de las mujeres y de sus emprendimientos.

También es relevante comprender la iniciativa empresarial como un fenómeno de base, que representa un camino a la inclusión y la superación de mujeres en condiciones de vulnerabilidad social y económica; en especial, en países como Venezuela, donde la mayoría de la población pertenece a los segmentos populares.

En el país 49% de los emprendedores son mujeres, en su mayoría del segmento D, que concentran sus actividades en los sectores de alimentos, estética y confección de moda.

Entre las motivaciones que aducen, se encuentra en primer lugar la identificación de una oportunidad de negocio, aunque más de un tercio de las mujeres afirma no tener una mejor alternativa de trabajo, mientras que 11% reconoce una combinación de necesidad y oportunidad.

En cuanto al financiamiento, los hallazgos de varios estudios internacionales indican que las emprendedoras inician empresas con menor capital y menor endeudamiento, en parte por las menores exigencias de sus sectores de actividad y, en parte, por una probable discriminación en el acceso a recursos. La mayor asistencia en las etapas iniciales viene de la familia (66,7%), los amigos (30,3%) y otras fuentes (18,2%).

De hecho, son los parientes más cercanos los que siguen contribuyendo al crecimiento del negocio en más de la mitad de los emprendimientos, factor crucial para mejorar el desempeño de los mismos.

Pero, ¿qué debe tener una mujer para iniciar un negocio? Se lo preguntamos a las participantes de los programas para emprendedoras del Iesa. Los resultados se relacionaron con la personalidad, los valores y las capacidades.

En cuanto a la personalidad, las palabras más frecuentes fueron optimista, realista, alegre, energética, proactiva, decidida, dinámica e independiente. 

En valores se reafirmó la prioridad de la familia, acompañada por la responsabilidad, la honestidad, la ética y la constancia o perseverancia. Con respecto a la capacidad para emprender, resaltan como factores importantes el conocimiento del negocio, la claridad de ideas y metas, la planificación y las decisiones, así como la creatividad y la innovación. 

Un aspecto que generó interés fue la capacidad de equilibrar los ámbitos de acción de la familia, el negocio y lo personal. 

También exploramos las motivaciones. “Realizar mi sueño” fue el primer aspecto mencionado, junto con “enfrentar un reto, alcanzar el éxito, la libertad personal y reforzar la autoestima”. Se volvió a evidenciar la centralidad de la familia al mencionarse aspectos tales como “contribuir al desarrollo familiar, tener más tiempo para la familia, ayudar a mi pareja, lograr la unión familiar”. Finalmente, nombraron aspectos de carácter general como “aprender a emprender, mejorar la calidad de vida, crecer, lograr bienestar y prosperidad”.

Las bases están echadas en nuestro país para que las mujeres jueguen un rol central en el desarrollo emprendedor. La ruta que queda por construir consisten en promover un ambiente de estímulo a las iniciativas de las mujeres, de modo que el proceso de formación sea solo la primera etapa de una cadena de valor, en la que instituciones públicas y privadas -de financiamiento, incubación y promoción- puedan garantizar los mejores frutos a esa fuerza indetenible de progreso que son las venezolanas.

Profesora del Centro de Emprendedores del Iesa
nunzia.auletta@iesa.edu.ve

 

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