Cerrar la brecha para las mujeres en los negocios

¿Qué hace falta para que el mundo despierte y se dé cuenta de todas las ventajas que conlleva apoyar a las empresarias en los países en desarrollo?

Si le parece raro estar haciendo esta pregunta en el siglo XXI, considere algunos datos concretos: Sabemos que a nivel mundial las mujeres constituyen casi la mitad de la fuerza laboral, también sabemos que en las economías en desarrollo entre 30% y 40% de los empresarios que tienen negocios pequeños o medianos son mujeres.

Pero hay algo que usted tal vez no sepa: por lo menos 9 de cada 10 empresas de propiedad de una mujer no tienen acceso a préstamos. Imagínese la frustración de una mujer en un país en desarrollo que comenzó un pequeño emprendimiento, está atrayendo a una buena clientela y tiene un plan comercial para seguir creciendo, pero no puede conseguir un crédito para ampliar su negocio. No es un caso aislado. Esa sensación la comparten muchas mujeres del mundo en desarrollo. Y la frustración de esas mujeres es muy parecida a una que todavía sigue viva en los relatos de mujeres más mayores de los países ricos, quienes describen cómo hace algunas décadas los bancos les negaban préstamos para vivienda pese a tener ingresos garantizados.

Actualmente en el mundo en desarrollo, sabemos que si las mujeres son emprendedoras es probable que sus empresas sean pequeñas y estén en los sectores menos rentables. ¿Por qué? La respuesta es bastante simple: porque no tienen acceso a financiamiento. Solo consideremos el caso de Guatemala, donde las mujeres que trabajan de manera independiente tienen la mitad de las probabilidades que los hombres en la misma posición de conseguir un crédito.

En ese sentido, tal vez deberíamos preguntarnos ¿por qué los bancos dan la espalda a las empresas de propiedad de una mujer? A veces las leyes no permiten que las mujeres controlen sus propias finanzas y reservan ese derecho solo a los jefes de hogar varones. En otros casos, el impedimento es la falta de garantías tradicionales, porque las mujeres no tienen tierras o derechos de propiedad; en muchas otras situaciones, es solo prejuicio. Como resultado, en África al sur del Sahara la mayoría de las mujeres que solicita un crédito no lo consigue. La situación es un poco mejor en América Latina, pero los montos que obtiene una emprendedora suelen ser insuficientes para satisfacer sus necesidades.

Esto no es solamente discriminatorio, también representa falta de visión. En estos momentos en Estados Unidos los negocios de propiedad de una mujer están creciendo a más del doble de la tasa de todas las demás empresas. Se estima que contribuyen con casi tres billones de dólares a la economía de ese país y generan 23 millones de empleos directos. De manera que invertir en las empresarias es una decisión económica acertada.

Hay algunos signos de esperanza. Access Bank de Nigeria y Development Finance Company de Uganda –naciones que tienen negocios manejados por mujeres que son muy dinámicos y están en expansión– empezaron hace algunos años a intentar captar lo que reconocieron como un mercado nuevo. Se asociaron con la entidad del Grupo del Banco Mundial que apoya al sector privado, la Corporación Financiera Internacional (IFC), con el fin de ejecutar programas especialmente dirigidos a empresarias. Los resultados valieron la pena. Los préstamos aumentaron y la tasa de morosidad fue inferior al 1,5%. En Nigeria, el Banco innovó y aceptó garantías alternativas para que las mujeres pudieran usarlas, entre ellas joyas y equipos en prenda. En Uganda, se desarrollaron productos nuevos acordes a las necesidades de las empresarias, por ejemplo permitir solicitudes grupales para aquellas mujeres que no contaban con los valores convencionales para conseguir un préstamo comercial. Por todo esto, no extraña que ambos bancos hayan sido galardonados por la Global Banking Alliance for Women (Alianza Mundial de Servicios Bancarios para la Mujer).

Estamos en este momento recopilando antecedentes para contribuir con datos concretos al debate sobre la discriminación y los obstáculos que afectan a la mujer. Nuestra iniciativa “Mujeres, empresas y derecho” reúne datos de 142 países sobre los ámbitos legales que afectan los derechos económicos y el acceso de estas a los activos. Y estamos logrando nuestro propósito. IFC se fijó la meta de garantizar que, en los próximos años, el 25% de los préstamos dirigidos a la pequeña y mediana empresa mediante intermediarios financieros será destinado a negocios de propiedad de una mujer. Una vez que logremos esa meta, tenemos que seguir aumentándola.

Pero falta mucho más por hacer. Es hora de que todas las instituciones financieras se quiten las anteojos y apoyen a las mujeres empresarias en el mundo en desarrollo.

Fuente: Artículo de Caroline Anstey para el Banco Mundial

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